Una casualidad llamada destino

Pobre Massimiliano, mira como intenta luchar contra el tiempo para llegar puntual. ¿Pero qué hace? ¡Está a punto de ponerse la camiseta al revés! Pero pobre Massimiliano, no sabe que nunca llegará a tiempo a esa película, él lo intenta. Ahora aquí está corriendo hacia el garaje, olvidándose de la chaqueta que había apoyado en el sofá al lado de la entrada. Y así, después de poner en marcha el coche, se da cuenta de que no lleva su chaqueta. Levanta los ojos al cielo, resopla, intenta salir del coche sin quitarse el cinturón, entonces golpea el volante con la palma de la mano gritando algo que es mejor no repetir, se quita el cinturón y abre la puerta. Sube las escaleras, coge la chaqueta, vuelve a bajar, monta en el coche. El mando de la puerta automática lo ha dejado en el abrigo, que en cambio se encuentra en la habitación. Entonces vuelve a repetirse todo lo que acaba de pasar: pelearse con el cinturón, golpear el volante y correr por las escaleras.

Pobre Giulia. Su humor siempre ha dependido del tiempo. Estaba con su copa de vino, al lado de la ventana, mirando ese frío que parecía entrar en las venas. Está feliz de estar en casa. Está feliz de sentir tranquilidad, de tener la chimenea encendida, un estéreo nuevo, un buen sueldo.Todo es así.. la casa está ordenada, los cuadros ya están colgados, las fotos de la familia y de los amigos están a la vista en la mesita de noche, la cocina está toda limpia. Además, vive en un barrio bonito, el balcón se asoma al parque que tanto le gusta y justo debajo de casa está su restaurante favorito. Y es todo tan… aburrido.

Massimiliano ha conseguido salir de casa. Considerando su historial, suena bastante bien. AhĂ­ está, girando hacia la alameda, ahĂ­ está, mientras va a toda velocidad hacia la meta, cuando, de repente, la voz metálica lo avisa: – LLamada entrante de Giulia. – Se habĂ­a olvidado completamente. Giulia lo estaba esperando. ÂżPero por quĂ©? ÂżPor quĂ© no le gustaba esta chica, tan bonita, tan educada, tan…. aburrida?

Eso era justo lo que necesitaba. Necesitaba cambiar, salir de casa, ir a coger ese frío que acariciaba su piel desnuda, pasear, no estar sola en su estudio. Necesitaba salir, sin saber nada, sin comprar comida en el mismo restaurante en su puerta, necesitaba ensuciarse los zapatos en el barro cerca del estanque en el parque y volver a casa solamente cuando se sienta agotada, se sienta viva. Da un portazo, está a punto de entrar, pero se da cuenta de que ha olvidado su chaqueta, estaba demasiado perdida en sus pensamientos. Se ríe sola y vuelve a casa.

Pero él no quiere ir. Claro que no quiere ir. Entonces se queda parado, aparcado en doble fila, con los intermitentes puestos mientras gana tiempo. Después lo ve allí, en la esquina. Su cine, o como le gustaba llamarlo, su cinematógrafo. No, no habría ido a hablar de nada a un insípido aperitivo en la otra punta de la ciudad. Ese era su destino: la sala 3 con viejas películas en blanco y negro. Giulia podía esperar. Aparca el coche cerca de un parque.

Giulia ya está preparada para salir de casa y justo mientras está casi saliendo de la urbanización, Gaia, la portera, la para para hablar por enésima vez de la nueva pareja del primero que hace mucho ruido, pero como es posible, no se puede y blah blah blah.

Massimiliano cierra con llave el coche y coje la calzada derecha. ¿Pero qué sentido tiene? ¿Por qué ha cruzado la calle? Estará pensando y justo se para, una chica le ha cortado el paso, saliendo de una puerta. Le parece reconocerla. Claro, es ella.

Giulia está decidida, irá al parque. Va a atravesar la calle cuando escucha una voz inconfundible.

-Giulia, yo… te he visto y he pensado que igual…-Pero no consigue hablar. Se interrumpe porque Giulia está más guapa que nunca, así sin maquillar, natural, así es Giulia, la verdadera y única Giulietta había vuelto a la ciudad y la encontraba por casualidad en la calle.

– ¡Massimiliano! Que sorpresa. Yo estaba de camino al cine, asĂ­ que tengo que irme, hablamos.- intenta asĂ­, con una excusa y una pequeña mentira irse.

No, no habrĂ­a ido de esa manera. Giulia odia el cine. Massimiliano lo sabe, ella lo sabe. Hace tiempo la habrĂ­a culpado, en cambio ahora serĂ­a el primero en no ir.

– Yo tambiĂ©n estaba yendo al cine. Bueno no, dejemoslo claro. Estaba yendo a una cita con una chica que, casualmente, se llama Giulia, como tĂş. DespuĂ©s entendĂ­ que ya no tengo ganas de fingir, entonces estoy yendo al cine solo y te veo a ti. Y ahora ya no tengo ganas de ir al cine porque me gustarĂ­a hacer lo que sea, si lo vas a hacer tĂş tambiĂ©n.

– Yo no sĂ© lo que voy a hacer.

– Bueno, entonces pongámonos en la fila. Veamos una pelĂ­cula al azar y luego hablaremos de la peli, de estos cinco años y de como no ha cambiado nada en absoluto hasta hace unos minutos.

– En verdad, Massimiliano, no es el caso.

– Ya, lo sabĂ­a. Me lo merezco, despuĂ©s de todo lo que te hice.

– No, lo que digo es, no es el caso de que despuĂ©s de cinco años tenga que soportar una de tus pelis aburridas en blanco y negro en la sala tres.

Se echan a reír los dos. Tenía una memoria única para las pequeñas cosas. Entran al cine, sin saber qué película van a ver, pero sabiendo que será, de todas formas, increíble.

Pubblicato da Grandi Storielle

Siamo sei ragazze, Carola, Celia, Hannah, Livia, Morena e Sara che si sono conosciute in Erasmus a Chambéry e hanno ora deciso di mettere a disposizione la loro piccola ma grande arte per tutti.

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