El viaje más corto del mundo

No lo notabas enseguida. En realidad, nadie se había fijado. Pero él, Marco, mirando
aburrido esa esquina de la pared, lo había vislumbrado.
Típica situación de un viernes por la tarde. Terminadas las clases, Marco salía con algunos
de sus compañeros. En verdad, salía con ellos solamente para estar con Chiara: ingeniosa,
alegre, interesante. El, en cambio, decía que era maduro y, por eso, demasiado aburrido, y
por lo tanto no se consideraba guapo. Además, era tímido. De esa timidez que se preocupa
de la intimidad y de la introspección, pero que no está muy de moda en el instituto.
Se hablaba del examen de la última hora, de la próxima fiesta del instituto y de cuantas
cervezas llevar a casa de una tal Monica. Nada interesante, según Marco. Y mientras
escuchaba el murmullo de sus compañeros de fondo, mientras oía a Chiara reír a
carcajadas, mientras el ruido del tranvía se confundía con el ruido de las personas que
pasaban bajo los porches de la plaza Castello, en Turín, miraba esa pared, esa esquina de
la pared.
«Disculpad un momento» Marco se despide de los demás. Se aleja del grupo. “Pero ¿qué
es?” No puede no pensar en ello desde que lo vio. Los amigos lo miran de manera
sospechosa: «¿Pero qué hace? »
Cerca de un teléfono público fuera de servicio, había una tarjeta amarilla. Con un bolígrafo
habían escrito: “Si no eres feliz, estás en el lugar equivocado. Ve a la plaza San Carlo y
búscame en un lugar seguro.” Marco da la vuelta, los otros lo observan. «Disculpadme,
chicos, enseguida vuelvo». Sin preocuparse de lo que pensaban, se marcha por la calle
Roma. La Plaza San Carlo es muy grande. Da toda la vuelta, a lo largo y ancho. No
encuentra nada. Se sienta en el centro de la plaza, debajo de la estatua. ¿Un lugar seguro?
Marco levanta la mirada. Delante de ella están las dos iglesias, símbolo de la plaza.
“Claro…” Se levanta de golpe y cerca de la puerta de la iglesia a la derecha, ¿podéis
adivinar qué? Otra tarjeta amarilla.
“Usar el cerebro es el primer paso para ser feliz. El segundo es el viaje. Todo recto.” Calle
Roma pasa por plaza San Carlo para llegar hasta Porta Nuova. Es una de las estaciones de
la ciudad: inicio o fin de un viaje. Marco corre hacia la meta. En su entrada principal, no
encuentra nada. “¿Y ahora? Vamos a probar la entrada lateral.” Aquí está, la tarjeta
amarilla. Esta vez dice así: “La forma de lograr un objetivo no siempre es la más obvia. Para
ser felices hay que encontrar caminos alternativos, hay que encontrarlos junto a alguien. Es
importante reunirse, sentarse con esa persona y conocerla, todos somos actores de alguna
historia.” Marco ya ha entendido: hay que volver atrás, hay que ir delante del teatro.
Probemos con el más cercano: teatro Carignano. En la maceta de la planta de la entrada
hay una tarjeta amarilla.
“Lo importante para ser feliz es saber comunicarse.”
¿Y ahora? No hay ninguna pista. ¿Qué se hace? Qué pérdida de tiempo. Todo esto para
nada. “¿Qué les digo a los demás ahora que vuelvo? ¡No les puedo decir que he perdido el
tiempo así!”Pero mientras vuelve hacia sus amigos, por el camino opuesto, se encuentra a la altura del
teléfono público. “¡Claro, saber comunicarse!” Inspecciona el teléfono, mira arriba y abajo y.
al coger el teléfono, cae una hoja amarilla.
“Si has llegado hasta aquí hay dos razones: o eres tan viejo como yo y sigues usando el
teléfono público, o te he hecho dar un paseo en busca de felicidad. No te estoy diciendo que
seas feliz ahora. Te estoy diciendo que, si empezaste este viaje triste, ahora has vuelto al
punto de partida de una forma diferente, más sabio, más curioso e incluso más cansado.
Soy un viejo gruñón que se divierte haciendo estos juegos. Y la próxima vez que encuentres
un billete amarillo por la ciudad, déjalo donde está, porque quizas alguien ha empezado a
buscar.
Ahora tu pequeño viaje ha terminado: el destino es el punto de partida, pero es el viajero
que ha cambiado. Aquí está el verdadero objetivo. Sé feliz.”
Todos los amigos de Marco se habían acercado al teléfono. «Chicos, tengo que contaros lo
que me acaba de pasar, ¡no os lo vais a creer!» Y mientras todos los compañeros estaban
intrigados, y Chiara miraba por primera vez con interés y sonriente, él se sentía
inusualmente feliz.

Pubblicato da Grandi Storielle

Siamo sei ragazze, Carola, Celia, Hannah, Livia, Morena e Sara che si sono conosciute in Erasmus a Chambéry e hanno ora deciso di mettere a disposizione la loro piccola ma grande arte per tutti.

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