El centro de la historia

‘’El verdadero secreto es el de no sentirse el centro de cada historia. A veces esta historia ni
siquiera nos pertenece, no hemos entendido la trama, el final, el comienzo, pero aún así
queremos apoderarnos de ella. Nos enseñaron que somos el centro de cualquier cosa y que
solo merecemos lo mejor de la vida. Al final, ¿sabes qué es lo que realmente importa?
Crear tu propia historia, sin apropiarse de la de los demás. No estar en el centro de cada
situación, sino estar en el centro de tu historia. Mira, yo no sé decirte qué pasará después,
no sé decirte si volaremos al cielo, si nos convertiremos en alimento, si seremos ángeles o
diablos. No puedo decirte si en realidad éramos cenizas y que cenizas tendríamos que
volver a ser. No lo sé. Todo lo que sé es que ahora podemos ser los protagonistas de
nuestra historia. No solo eso: podemos ser los narradores de nuestra vida. Nos han
enseñado siempre a confrontarnos, a medirnos, a equipararnos a los demás, que al final
estamos creando tantas copias de historias ya conocidas y, por lo tanto, de vidas ya vividas.
Entonces cambia tu historia, haz algo por ti, sin tener que decírselo a nadie. Reescribe
páginas que ya tenían el sello de otra persona o de otra situación. Deja de pensar que la
historia de otro es más interesante que la tuya. Lo importante no es la cantidad, es la
calidad, porque recuerda, recuerda esto: los libros que quedan no son necesariamente los
que más se han vendido , sino los que han entrado en el corazón de los lectores o en su
mente por la calidad de la escritura, de la trama, del final.
No sé decirte mucho más. Lo que he aprendido es que el tiempo es un bien preciado que no
nos merecemos, porque no sabemos cómo manejarlo. Creemos que llenarlo es la única
manera correcta de usarlo, cuando, en realidad, el tiempo debería ser solo un medio para
lograr otro objetivo: el tiempo de estudiar para llegar a una meta; el tiempo de enamorarse
para luego vivir el amor; el tiempo de comprender para poder actuar; el tiempo de madurar
para poder florecer. Tómate tu tiempo y no lo pierdas. Estamos acostumbrados a esa frase
que dice “No hay que perder el tiempo”, yo la sustituiría por la que dice “Hay que tomarse
un tiempo”. El tiempo como medio para cuidar. Cuidar de la amistad, de una planta, de los
estudios, de los hijos, de una enseñanza, de una tarde, de un paisaje. Tomarse un tiempo,
como medio para no perderlo nunca más, para no perder de vista nuestra historia,
convirtiéndola en el best-seller que igual no hoy, ni mañana, pero dentro de cien mil años
será leído continuamente. No llenes las páginas de aprobación momentánea por parte del
lector, más bien llénalas de belleza, porque luego el lector que tú quieras sabrá comprender
y amar. No importa llegar al corazón de todos, sino saber llegar al corazón de alguien.”


Quería decirle todas estas cosas. Él, el hermano mayor. Casado, con hijos, con una casa,
con una hipoteca que pagar, con las dificultades del trabajo, con la enfermedad de la mujer,
con las deudas y las preocupaciones, le habría querido gritar este monólogo. Quería
ponerse cara a cara con su hermano y, siendo amable pero al mismo tiempo serio y
respetable, iba a cambiar su vida para siempre. Pero entonces levantó la mirada. Su
hermano Riccardo, quince años más joven que él, estaba con los ojos medio cerrados,
apoyado en la mesa. Triste, insatisfecho, acababa de decirle que su vida no tenía sentido.
Entonces él quería tener esta conversación con él, quería decirle que aún no había
entendido nada, y que era un desagradecido por pensar eso. Pero luego se calló. Volvió a
pensar en el comienzo de su monólogo tan sensato, y comprendió que era él mismo quien
no había entendido nada. Porque él, en lo profundo de su corazón, sabía que quería estar
en el centro una vez más. Sabía que iba a ser el protagonista de una historia que no le
pertenecía. Atraído por la idea de la figura del hermano mayor, cariñoso y maduro, que va al
rescate de su hermano, le habría hecho un gran monólogo, pero que en realidad no le
habría ayudado de ninguna manera. Riccardo solamente se habría sentido inutil otra vez.
Entonces, prefirió no hacer ese bonito monólogo. De su boca solamente salieron estas
palabras: ‘‘No importa llegar al corazón de todos, sino saber llegar al corazón de alguien. Si
te apetece hablar me tienes aquí. Mírame, háblame.’’


Riccardo le contó mucho, le mostró sus pensamientos, sus razonamientos y su hermano se
dio cuenta de que su monólogo inicial estaba bien hecho, pero que no era nada comparado
con el monólogo que su hermano le estaba haciendo. Aquel día comprendió, él primero, que
estar en el centro de la propia historia, sin apoderarse de la de los demás, significa, de vez
en cuando, saber dar un paso atrás.

Pubblicato da Grandi Storielle

Siamo sei ragazze, Carola, Celia, Hannah, Livia, Morena e Sara che si sono conosciute in Erasmus a Chambéry e hanno ora deciso di mettere a disposizione la loro piccola ma grande arte per tutti.

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